Phytotherapy, an ancient practice based on the use of plant-based products, has recently seen a strong resurgence, driven by a growing preference for "natural" products. In the context of community pharmacy, it is presented as an alternative or complement to conventional treatments, especially for mild or chronic conditions, or as an adjuvant for serious illnesses. However, its use is not without risks, due to the variability in the composition of marketed products, the pharmacological action of their active ingredients, and the lack of uniform regulatory framework. There are different legal categories for these products, depending on their composition, indication, and scientific backing. Some, such as dietary supplements and medical devices, are available without medical supervision despite containing active ingredients used in prescription medications. In this context, the community pharmacist plays an essential role in patient counseling and promoting the rational and safe use of phytopharmaceuticals. In Spain, 192 authorized plant-based active ingredients are currently identified, underscoring the importance of their proper management in healthcare practice. Although generally well tolerated, these products are not free from adverse effects, especially in vulnerable populations such as pregnant women, children, the elderly, immunosuppressed individuals, and patients on multiple medications. Furthermore, they can generate significant interactions. Therefore, their dispensing and recommendation require specialized and up-to-date knowledge on the part of the pharmacist, thus ensuring a safe and effective therapeutic approach. La fitoterapia, práctica milenaria basada en el uso de productos de origen vegetal, ha resurgido con fuerza en la actualidad, impulsada por la preferencia creciente hacia lo “natural”. En el contexto de la farmacia comunitaria, se presenta como alternativa o complemento a tratamientos convencionales, especialmente en patologías leves, crónicas o como coadyuvante en enfermedades graves. Sin embargo, su empleo no está exento de riesgos, debido a la variabilidad en la composición de los productos comercializados, la acción farmacológica de sus principios activos y la ausencia de una regulación normativa uniforme. Existen distintas categorías legales para estos productos, en función de su composición, indicación y respaldo científico, siendo algunos accesibles sin supervisión sanitaria, como los complementos alimenticios y los productos sanitarios, a pesar de contener principios activos empleados en medicamentos sujetos a prescripción.En este escenario, el farmacéutico comunitario desempeña un rol esencial en la orientación al paciente y en la promoción del uso racional y seguro de los fitofármacos. En España, se identifican actualmente 192 principios activos de origen vegetal autorizados, lo que subraya la relevancia de su adecuada gestión en la práctica asistencial. Aunque generalmente bien tolerados, estos productos no están exentos de efectos adversos, especialmente en poblaciones vulnerables como embarazadas, niños, personas mayores, inmunodeprimidos o pacientes polimedicados. Además, pueden generar interacciones relevantes. Por tanto, su dispensación y recomendación requieren un conocimiento especializado y actualizado por parte del farmacéutico, garantizando así un enfoque terapéutico seguro y eficaz.
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